El 17 de julio de 1642, 61 arcabuceros de Yecla fueron enviados a Vinaroz con el fin de detener el avance de las tropas francesas. Sin embargo, uno de esos valientes milicianos tenía una misión muy distinta: recoger y custodiar un artefacto, ideado por el gran Galileo Galilei, capaz de cambiar el curso de la humanidad.